Vivimos en un tiempo en el que debemos salir a encontrarnos con aquello que buscamos. Debemos salir de nuestra zona de confort, de nuestra casa, de nuestra ciudad y de nuestras ideas preconcebidas para encontrarnos con lo nuevo, lo inspirador, la calma, la acción, lo desconocido y lo bello.
Al llegar a Marrakech, disfruté del bullicio que me esperaba: observé los colores que imaginaba y percibí olores que podía reconocer. Llegué con influencias muy marcadas por películas, anécdotas de amigos o extractos de libros y revistas sobre la ciudad. Sin embargo, algo que no me esperaba era Mamá Marrakech.
La finca es un lugar para detenerte, para pausar tu tiempo y disfrutar. Es salir del bullicio de la ciudad y dedicarnos tiempo a nosotros mismos: para observar el paisaje, respirar con calma, charlar con Fouad, tomarte un té, jugar con las mascotas de la casa y vivir con tranquilidad.
Respiré el aire del Alto Atlas y sentí que había encontrado aquello que no salí a buscar.
























Gracias por llegar hasta aquí (:

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